Muchas veces, cuando miro a mí alrededor, me pregunto si ya estaremos “curados de espanto”.
¿Será así? ¿Estaremos endurecidos ante el dolor ajeno? ¿Nos volvimos incapaces de sentir; insensibilizados?
Un observador imparcial se sentiría alarmado si contemplara la sociedad a nivel mundial, por lo destructiva que resulta para sus integrantes.
Varias veces por día escuchamos a personas que dicen estar al borde del agotamiento, sobrepasadas por un sistema financiero inmoral, que privilegia el poder económico sobre los valores humanos.
Pareceríamos las víctimas de bancos, empresas, tarjetas de crédito y otros sistemas —incluido el estado— que tendrían que funcionar para la ayuda y servicio de quienes los sostenemos.
Y estamos todos sumergidos dentro de una gigantesca olla, de la que parece no nos podemos escapar.
O habrá alguna manera.
La cuestión sería como encontrarla.
Por lo pronto, convengamos que hasta el más distraído hizo algún pequeño aporte para que todo esté como está. Por mínimo que fuera:
En fin, todos somos responsables, en menor o mayor grado, intencionalmente o por error u omisión, de que la vida resulte cada vez más alejada del bienestar.
Que nos juzgue quien le corresponda, pero sería interesante mientras estamos acá, que intentemos minimizar tanto desequilibrio. ¿Como?, de la mejor manera, trabajando sobre la personalidad, examinándonos, para descubrir los errores que nos conviene no repetir.
Tomarnos unos minutos para encontrar respuestas, que pueden resultar reveladoras si contestamos con el corazón.
Ahí van algunos ejemplos de preguntas, como para reflexionar y sacar afuera todo lo que queremos perfeccionar.
Formulamos una pregunta y nos tomamos el tiempo necesario hasta encontrar la respuesta.
Reflexionamos:
- ¿Aprendí las lecciones que la vida me impuso?
- ¿Repito los mismos errores?
- ¿Cuáles son mis peores defectos?
- ¿Intento comprender a los que comparten conmigo la vida?
- ¿Me pongo en el lugar del otro, antes de juzgarlo?
- ¿Me enojo seguido?
- ¿Estoy conforme conmigo?
- ¿Soy responsable?
- ¿Qué aporte hago a la vida, para que mejore?
Como cada pregunta da lugar a un profundo trabajo interior, es conveniente efectuarlas de a dos o tres cada vez.
Únicamente se requieren paciencia, sinceridad y deseos de mejorar. ¡Adelante!
Marta Susana Fleischer