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La cumbre de Copenhague fue un fracaso. Los políticos se mostraron incapaces de llegar a un acuerdo para frenar los cambios climáticos generados por el hombre. ¿Es la consciencia de la sociedad civil la última esperanza?
Muchos tenían la esperanza de que de la XV Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático celebrada en la capital danesa saliera un acuerdo vinculante, justo y transparente para ponerle coto a la influencia negativa de las actividades humanas sobre el medio ambiente y frenar las alteraciones meteorológicas globales que de ellas derivan.
Pero de la misma sólo queda la vaga promesa de que los políticos involucrados seguirán negociando en torno a este tema en los próximos meses y las atribuciones de culpa por el fracaso de Copenhague.
Pero también es posible que en la Cumbre se hayan encontrado potenciales aliados de manera inesperada: al contrario de los gobiernos del mundo, la sociedad civil internacional parece haber pasado la prueba de la globalización.
Numerosos representantes de las sociedades civiles de todo el planeta conformaron un frente sólido y demostraron estar de acuerdo en sus objetivos; no solamente entre ellos, sino también con las recomendaciones hechas por los científicos.
Ellos demostraron también que viajaron a Dinamarca bien informados, bien preparados y dispuestos a ejercer presión por el tiempo que sea necesario.
“El hecho de que la declaración final sea tan vaga tiene algo de bueno. Y es que no es vinculante para ningún país. Eso significa que cualquiera puede proponerse metas más ambiciosas en materia ambiental. Nada nos impide involucrar a más países en la continuación de este proceso para que asuman compromisos más ambiciosos”, sostiene por su parte Kim Carstensen, líder de la Iniciativa del Clima Global de WWF.
Y es que desde las bases se empiezan a exigir hechos en lugar de palabras.
Helle Jeppesen / Evan Romero-Castillo
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