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La selva amazónica debe su fertilidad en gran parte a toneladas y toneladas de polvo, que realizan un largísimo viaje sobre el Océano Atlántico cada día. ¿De donde proviene el polvo? Nada menos que de África. El valle de Bodélé, un verdadero desfiladero para el viento situado en el norte de Chad, desierto de Sahara, provee el 56 por ciento del polvo que llega anualmente al Amazonas, aportando varios nutrientes minerales que fertilizan el suelo. Esto quiere decir que 50 millones de toneladas de partículas más fina que el arena cruzan 10.000 kilómetros de mar para alimentar la vida en otro rincón del mundo. El valle de Bodélé posee características geográficas únicas que lo convierten en el primer proveedor del polvo de mundo. Dos cadenas montañosas casi paralelas conforman este “túnel de viento” natural que se va haciendo cada vez más estrecho hacia la costa atlántica (noroeste). Cuando el viento penetra en valle, adquiere cada vez mayor velocidad y carga de polvo, levantando nubes capaces de ser observadas vía satélite.
El polvo no solo enriquece los suelos forestales, sino que se lo ha asociado al ciclo de proliferación del plancton del Atlántico, por la aportación de los nutrientes requeridos para su proliferación.
La “cara mala” del polvo
El valle de Chad no solo “empolva” la selva brasileña. Sus vientos llegan también hasta el Golfo de México, Cuba e Islas Canarias, entre otras zonas. La atmósfera también permanece cargada de este polvo, sumado al que se produce en todos los rincones del mundo. Según algunos científicos, esté polvo, que incrementa su carga anualmente entre 2.000 y 3.000 millones de toneladas, agudiza las afecciones respiratorias, contribuye a cambios climáticos y es responsable en gran parte del fenómeno conocido como “marea roja”. Esta enfermedad sería causada por la ingestión de microalgas tóxicas en el Caribe, la cual ingieren los moluscos, volviendo a estos animales igualmente dañinos para sus predadores y, consecuentemente, también para el hombre.
El polvo es un viajante nato. Puede partir desde el Sahara a Estados Unidos, o desde China a Europa. Todo depende en que dirección sople el viento. Cuando se deposita en nuevo suelo puede traer consigo enfermedades, y cuando lo hace en el mar puede alterar el ciclo reproductivo de animales. Los casquetes polares también reciben el castigo del polvo atmosférico, disminuyendo su capacidad de refracción e incrementando así uno de los factores responsables del efecto invernadero.
Las tormentas de polvo y arena también “tragan” ciudades y poblados enteros durante horas, cerrando el cielo en un negro profundo. Este factor, junto a las muertes que con relativa frecuencia cobra, hace que mucha gente vea a estos fenómenos como “advertencia divinas”.
¿De donde viene el polvo?
La “producción” de polvo africano (700.000 toneladas diarias) se ha incrementado nada menos que diez veces en los últimos 50 años. Pero como ya hemos señalado, no solo de África viene el polvo. Entonces ¿a que se debe su incremento? Prácticamente a la deforestación y a las sequías. Otros factores menores que pueden sumar algunas toneladas de partículas son el polvo levantado por vehículos, las emisiones de humos tóxicos fabriles y otros factores dependientes de la tecnología humana. Al parecer, la sentencia de que el hombre termina siendo el causante de sus propios males, puede ser igualmente aplicable a este caso.
Leonardo Vintiñi
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