Pautas para elegir
los alimentos
Hay
aspectos importantes a tener en cuenta si deseamos
hacer una buena elección del alimento, primer
requisito en el camino de la nutrición eficiente.
Básicamente debemos: preferir la producción
orgánica, casera y artesanal, privilegiar
la vitalidad del alimento, reducir la proporción
de proteína animal, evitar los productos
refinados y elegir grasas de alta calidad. A continuación
desarrollamos cada uno de estos enunciados.
Preferir
lo orgánico, artesanal y casero
En el país,
mucha más gente de la que pensamos está
trabajando de este modo. Apenas orientemos las “antenas”
hacia este sector, podremos ver que existe “otra”
realidad, además de las góndolas de
supermercado. Muchos argumentan que el abastecimiento
a través del “súper” es
la única opción por ahorro de dinero
y de tiempo. Sin embargo este razonamiento es fácilmente
rebatible si tomamos en cuenta lo que luego nos
cuestan -en dinero y en tiempo- las consultas médicas,
los medicamentos para corregir los problemas generados
por la comida industrial y los padecimientos resultantes.
Además de beneficiarnos con más nutrientes
y menos tóxicos, con lo orgánico estaremos
favoreciendo a emprendimientos que juegan a favor
de la ecología y de una nueva articulación
social, donde productores y consumidores vuelven
a verse la cara. Un minúsculo ejemplo aleccionador:
nuestros “incivilizados y bárbaros”
ancestros americanos cultivaban su alimento base
-el maíz- dejando los suelos varios años
en barbecho (reposo) entre cosechas. Ahora descubrimos
que el maíz se carga fuertemente de aluminio
cuando se lo cultiva en suelos agotados. Y vaya
caso, la intoxicación con aluminio está
íntimamente relacionada con modernas epidemias
como el Alzheimer.
Consejos
Detectar localmente productores confiables o vecinos,
que hagan huerta familiar o críen animales.
Elaborar todo lo posible en casa. Hacer el propio
pan es una experiencia enriquecedora en todos los
aspectos. Si recurrimos a vegetales comerciales,
recomendamos lavarlos muy bien con agua bicarbonatada
(agregar una cucharada de bicarbonato por litro
de agua) a fin de eliminar residuos químicos.
La parte más nutritiva de los vegetales está
en la cobertura externa y generalmente se la desecha,
por hábito mecánico (desconocimiento)
o por seguridad (para evitar los tóxicos).
Lavando con bicarbonato podremos comer más
tranquilos y aprovechar más nutrientes. Decididamente
debemos evitar los alimentos transgénicos.
Privilegiar la vitalidad
Lo que diferencia a un alimento
nutritivo de una sustancia inerte, es su vitalidad.
Este término, que parece abstracto, es muy
tangible y cuantificable. Consumir alimentos orgánicos,
frescos y apenas recolectados, significa aprovechar
al máximo su contenido vitamínico
y energético. A excepción de las semillas,
dotadas de particulares mecanismos de preservación,
el resto de los alimentos sufre mermas notables
de vitalidad con el correr del tiempo. Antes era
normal que el horticultor recogiera por la tarde
sus verduras para venderlas a la mañana siguiente
en el mercado. Hoy los grandes sistemas de distribución
(productor, acopiador, mercado concentrador, supermercado)
generan tiempos largos (varios días) que
suelen extenderse (varios meses) cuando intervienen
las cámaras de frío. Esto destruye
vitaminas, muchas de las cuales son sensibles al
contacto con el aire, la luz y la temperatura, y
se inactivan con el paso del tiempo.
Consejos
En materia de vegetales tratar de buscar la máxima
frescura. Por eso mucha gente hace su propia huerta,
no porque sea rentable, sino porque permite consumir
verduras apenas recolectadas, con la máxima
vitalidad y la mayor riqueza nutritiva. Tratar de
evitar las conservas (sobre todo los enlatados)
y los congelados, reservándolos para usos
ocasionales. Es bueno habituarse a consumir fruta
y verdura de estación y de nuestra zona,
no sólo porque es más barata, sino
porque nos aporta los nutrientes adecuados para
esa época del año y no posee largos
períodos de almacenamiento. Un ejemplo de
artificialización del consumo es el tomate,
cuyo equilibrio sodio/potasio es el que necesitamos
en verano (en invierno necesitamos lo contrario);
sin embargo lo consumimos todo el año, "gracias"
a la moderna tecnología de producción
y distribución.
Reducir la proteína
animal
En este rubro valen los conceptos anteriores.
La producción industrial del sector (vacuna,
avícola, porcina, etc.) se maneja con los
mismos parámetros de la agricultura. Ahora
la crianza se acelera con suplementos balanceados.
En la confección de los mismos, además
de los desechos industriales, se utilizan una parafernalia
de sustancias indeseables. A los herbívoros
se les suplementan proteínas animales totalmente
extrañas a su natural sistema alimentario
y en muchos casos con metales pesados (el caso de
las harinas de pescado hechas con especies que habitan
los lechos de ríos y que trasladan los contaminantes
allí presentes a través de la cadena
alimentaria). Luego está el uso de pasturas
y granos provenientes de monocultivos empobrecidos
y de origen transgénico (soja). A esto se
agrega la aplicación masiva de antibióticos
(necesarios por el deterioro de sus sistemas inmunológicos)
y hormonas (en las vacas lecheras aceleran la preñez
y en general permiten un rápido incremento
de peso). Por nuestra ubicación en la cadena
alimentaria, somos destinatarios de todos estos
residuos (hormonas, antibióticos, metales
pesados, transgénicos, etc.).
Un ejemplo para visualizar este desatino es el conocido
mal de las "vacas locas". Otro ejemplo
interesante es la carne de cerdo. Cuando el animal
es criado naturalmente, su carne es rica en grasas
poliinsaturadas (ácidos grasos de cadena
larga); en cambio cuando proviene de estabulación
industrial pierde estos valiosos nutrientes y se
carga de las dañosas grasas saturadas.
Consejos
Más allá de los problemas expuestos,
reducir la ingesta cárnica (sobre todo las
carnes rojas) será un claro beneficio para
nuestra calidad de vida, por la simple disminución
del consumo de grasas saturadas. No olvidemos que
en todas las poblaciones longevas del mundo, la
proteína animal es consumida solo en grandes
ocasiones. En esos casos demos preferencia a pescados
frescos (preferiblemente de aguas frías,
por ser ricos en ácidos grasos esenciales)
o carnes blancas de cría casera.
Recordemos que la proteína animal se metaboliza
generando muchos desechos ácidos, tóxicos
para el organismo. Por eso se soportan bien ocasionalmente
o en pequeñas dosis. Nunca puede ser el centro
del plato. No olvidar que los lácteos se
encuadran en esta problemática y por ello
conviene limitar su consumo, optando por las formas
más inocuas: el yogurt, la ricota y los quesos
blancos o blandos. Conviene privilegiar la proteína
vegetal, obteniéndose la mejor calidad a
través de la combinación de legumbres
con cereales, lo cual permite complementar aminoácidos
y obtener mejor calidad de proteína. Esto
explica por qué todas las civilizaciones
cuentan con típicos platos basados en este
saludable hábito. Continúa...
María Cristina Castells y Néstor
Palmetti
www.prama.com.ar