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¡Elemental, mi torpe Watson!

Elemental, mi torpe Watson!
Somos la humanidad, socios de nuestros congéneres y como bien muestra el famoso afiche de Benetton -creado por el genial Oliviero Toscani-, los corazones de todas las razas son iguales. Ahí está el ícono del amor.
La imagen pasó por mis manos días después del 14 de octubre, cuando el Premio Nobel de Medicina James Watson, el estadounidense pope de los estudios de ADN, se atrevió a declarar a The Sunday Times de Londres que era "esencialmente pesimista sobre la perspectiva de Africa… Todas nuestras políticas sociales se basan en el hecho de que su inteligencia es igual que la nuestra, mientras que todas las pruebas dicen que no es así".
¿Cómo es posible que este hombre sea inteligente? Me caben dudas. Es uno de los descubridores de la estructura de la molécula de ADN, que le implicó el reconocimiento de la comunidad científica mundial. El mundo condenó su afirmación y "fue renunciado" de su cargo en el laboratorio neoyorquino Cold Spring Harbor.
¿Será que este pensamiento subyace en parte de la sociedad estadounidense y él compró ese discurso y se animó a manifestarlo? Pensar que más de uno -aquí y allá- debe estar presumiendo eso, que los negros son menos inteligentes.
Una ficción para ir más a fondo: cuál sería el problema si entre las diversas razas hubiera en una u otra un mayor predominio de la inteligencia o la sensibilidad o la capacidad física o la espiritualidad. Maravillosa diversidad, sería enriquecedora.
Todo es una cuestión de ideología cultural de clase dominante, de las ideas que nos son impuestas. Como si sólo existiera un tipo de razonamiento puro. Es claro, la ideología social es un estímulo que genera respuestas.
Esto lo sabía y explicó muy bien otro Watson norteamericano: el psicólogo John Watson (sugiero conocerlo). ¿Quién fue?: uno de los fundadores del conductismo quien fue enemigo de las ideas imprecisas y de las investigaciones descuidadas. Decía que la finalidad de la psicología era poder predecir la respuesta de un organismo frente a un estímulo determinado. Cuidado con ciertos estímulos dogmáticos.
El título de esta nota -cabe agregar-, parafrasea el conocido "Elemental, mi querido Watson" de uno de los cuentos protagonizados por el inteligente detective británico de ficción Sherlock Holmes (escritos por Sir Arthur Conan Doyle). Sherlock la dice a su ayudante Watson para expresar lo obvio.
Tres Watson, tres corazones, tres razas, un mundo. Ojalá los blancos se afincaran menos en la inteligencia y más en el corazón. ¡Qué tanto premiar la inteligencia si el mundo anda como anda! ¡Elemental, mi no muy querido Watson!

Hugo Kelway

 

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