Benditas aquellas esposas
que se liberan de un enfermo golpeador o un típico
controlador, o un torturador psicológico,
o un egoísta infantil.
Pero las otras, las que sólo dejaron de querer
a un varón común y silvestre: ¿qué
festejan?
No lo sé, ellas sí, por eso inventaron
las Fiestas de Divorcio, una absoluta creación
femenina, no masculina. Why? Porque Ellos:
1)
Se separan solo cuando ya tienen una amante de hace
tiempo que les reclama legalidad, o sea, que pasan
de un cuartel a otro.
2) Cuando ya no desean a su pareja pero no tienen
“otra”, se quedan con la actual siguiendo
la filosofía del perro (mientras haya agua,
comida y un lugarcito frente al fuego, ésta
es mi casa).
3) Ellas entonces se avivan y los dejan de amar,
y les ponen las maletas en la vereda..... Y el macho
deprimido, como en un tango, por ahí se va
con los muchachos a reventar la noche pero tarde
o temprano.... sólo piensa en emborracharse.
La mujer hoy, en cambio, es más frontal y
honesta, y cuando la cosa no va más dice
hasta aquí llegó mi amor y baja la
cortina. Acto seguido organiza un “mega evento”
en el que puede pasar de todo: quema de libreta
y fotos del ex, ceremonia de re-bautizo como soltera,
“morfi” abundante, champagne libre,
danzas varias, y algún inesperado desquite
sexual en habitación contigua con ignoto
musculoso invitado.
Pero
esto es sólo el comienzo de una urgente transformación
de sí misma.
Al toque viene la cirugía plástica,
o si no se tiñe el pelo del color opuesto
al que siempre usó. Si puede se muda o hace
un largo viaje, y la que menos “guita”
tiene al menos compra sábanas nuevas. Obvio
que la feliz divorciada, si se le da, sale una noche
con algún mancebo lampiño que acaba
de estrenar su DNI, ó es copiloto ocasional
de un señor muy mayor que la pasea en un
descapotado deportivo más caro que un original
de Van Gogh. Sí. Ya nada ni nadie le impedirá
beber, cantar y gritar con sus amigas en cuanto
boliche de fisicoculturistas o streappers se abra.
Pero
a las pocas semanas, con la misma sonrisa de la
fiesta, comenzará el turismo afectivo y volverá
a descubrir que ese que tiene plata es más
agrio que un limón verde, el bohemio es romántico
pero no le puede pagar ni una botella de agua mineral
sin gas, el semental es un león en la cama
pero vago como una lechuza, el filósofo es
sabio pero no baila salsa, el hippie es suave pero
no se baña, y el pachanguero es divertido
pero más infiel que Don Juan Tenorio. Y en
alguna tarde gris de otoño, una inoportuna
melancolía la sorprenderá abrazada
a un almohadón, extrañando absurdamente
al abandonado, porque para ella la felicidad no
se vive, sólo se recuerda y mal.
En síntesis, la depresión, el duelo,
no pueden disimularse con cornetas y matracas, risas
estentóreas y bebidas chispeantes. Tal vez
sea mejor para ella indagar qué pasó,
y seguir el consejo de Moria por un rato: ¡“si
querés llorar, llorá”!
Luis
Buero
www.luisbuero.com.ar