Hay
personas, tanto mujeres como hombres, que dicen
vivir exclusivamente para su pareja, descuidando
incluso sus propios intentos de realización
personal, necesitadas sólo de complacer,
y en buena parte no mienten.
Sin embargo se engañan si creen que con eso
están demostrando un verdadero amor.
A veces ejercen una presión tan fuerte tratando
de ordenar y dirigir la vida del otro, que no dejan
margen para otras decisiones que no sean las suyas.
Quien ama realmente, respeta a su pareja, no trata
de oprimir; al contrario, sabe que el don más
precioso que puede ofrecer es el de la libertad.
Estar permanentemente encima de alguien es manifestación
de una necesidad enfermiza de controlarlo.
Ayudar es una cosa, maniatarlo es otra.
Ese "estar encima" se expresa no sólo
por medio de la vigilancia y el acecho, sino cuando
lo que se pretende en apariencia es favorecer al
otro. Y ello ocurre también en relaciones
que no son de pareja.
Declaraciones como: "Nunca me casé
porque tenía que cuidar a mis padres",
o "Tuve oportunidad de ir a trabajar en los
Estados Unidos, pero no lo hice para no hacer sufrir
a mi mamá", denotan más
sometimiento y culpa que comprensión y cariño.
"Yo deseaba estudiar artes plásticas,
pero sacrifiqué mi vocación y me recibí
de abogado como quería mi papá".
Cuando en el consultorio alguien nos confiesa cosas
así, a veces no se da cuenta de cuán
grande es la carga de frustración que arrastra,
hasta que logramos que deje de reprimirse y se manifieste
con sinceridad. Es entonces cuando se anima a descargar
su rabia y su rencor. Y por supuesto que le sobrará
razón para enojarse.
Donde hay un sometido, hay otro que somete.
Así como hay personas que exigen una permanente
atención para que estén pendientes
de ellas y reclamando que se les haga caso en todo,
las hay que dedican su vida a satisfacerlas.
Efectivamente, el temor a la soledad, la falta de
autoestima, pueden empujarnos a vivir adheridos
a otro para que nos explote.
Lo que nos empuja a ello es la fantasía de
que si nos entregamos de cuerpo y alma, recibiremos
el apoyo y la fortaleza que nos faltan.
Lic.
Teresa González
Psicóloga