Hacer movimientos
ascendentes con las yemas de los dedos, desde las
mandíbulas hacia las orejas y los pómulos,
y dibujar círculos diminutos sobre cada una
de las arrugas. Sin presionar, con mucha suavidad
y disfrutando.
Resultado: una piel relajada, hidratada y luminosa.
Satisfacción
para el rostro
La rutina de belleza implica la limpieza diaria
del rostro y del cuerpo y, como tal, debe ser un
momento de placer para consentir y mimar cada zona
en particular. Igualmente importante, es valorizar
ese tiempo, el de la mañana y el de la noche.
"Ni siquiera me desayuno y voy a perder tiempo
en ponerme cinco cremas"; "llego tan cansada,
que ni me acuerdo de quitarme el maquillaje para
dormir". No valen las excusas. Si este ritual
no se hace con disciplina y constancia no tiene
efecto alguno.
Por lo general,
las cremas del rostro se aplican siguiendo la forma
natural de los músculos, empleando un suave
masaje con movimientos circulares, ascendentes y
hacia fuera. Así de simple. No obstante,
una hidratante se aplica diferente a una antiedad,
así como una mascarilla difiere del método
de una exfoliante.
Antes de aplicar
una crema, la piel debe estar limpia -al igual que
las manos- y tonificada. No se debe emplear mucha
cantidad; tan sólo son necesarios varios
puntos del tamaño de un grano de arroz. Tampoco
se debe aplicar rápidamente, con movimientos
fuertes y de forma aleatoria, como si estuviera
"apurada". Al proceder así, el
producto no penetra lo suficiente y se desaprovecha
el poder o la acción de sus propiedades.
La
forma correcta
Hidratante. Todas las pieles se deben hidratar tanto
en la mañana como en la noche y según
el tipo de piel. Una piel mixta requiere ser humectada
en las mejillas, que es donde tiene problemas de
deshidratación. Una piel grasa también
(aunque la presencia de sebo lo oculte) para controlar
la grasa. En cambio el rostro de una piel seca necesita
hidratarse por completo. Con la yema de los dedos
aplique una gota de producto sobre el área
a hidratar. Luego distribuya en sentido ascendente,
con un suave masaje, desde el centro del rostro
hacia los oídos y en sentido descendente
hacia la barbilla y cuello. Para finalizar, unos
pequeños golpecitos estimularán la
circulación.