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Hace
aproximadamente cuarenta años, el médico
inglés Hipsley usó por primera vez el
concepto “fibra dietaria ”.
La podríamos definir como el material que integra
las paredes celulares de las plantas, cuyos muchos
y variados componentes resisten la acción de
las enzimas digestivas humanas.
Se dividen en solubles e insolubles.
Dentro de las solubles se encuentran las gomas y pectinas,
presentes en leguminosas, salvado de avena, cebada,
algunas frutas, y son de probada acción anticolesterolémica.
Las insolubles, como la celulosa, hemi celulosa y
lignina, —en salvado de trigo, granos integrales
y verduras— ayudan a limpiar el intestino rápidamente.
En
forma gradual —y siempre previa consulta médica—
los expertos aconsejan consumir más fibra y
con ella mayor cantidad de agua.
Tienen un rol protagónico en combatir la obesidad,
puesto que las fibras son de bajo poder calórico,
aumentan el volumen alimenticio y otorgan sensación
de saciedad.
Se encuentran muy relacionadas con la prevención
de las llamadas enfermedades occidentales, 20 de las
cuales están incluidas entre los principales
problemas de salud de los países desarrollados:
estreñimiento, cálculos biliares, diverticulitis,
hernia hiatal, venas varicosas, obesidad, y otras.
Los alimentos con alto contenido de fibra constituyen
la forma natural de prevenir muchas enfermedades,
tales como las cardiovasculares, diabetes, y ciertos
tipo de cáncer.
Estas situaciones tendrían posibilidades de
prevenirse con solo practicar una alimentación
equilibrada, donde las fibras jueguen un papel preponderante.
La Historia es el mejor testigo de los contrastes
entre la dieta de nuestros antepasados y la nutrición
en la actualidad.
Investigaciones realizadas en poblaciones del Africa
y Asia, en las que el consumo de fibra dietaria es
alto —zonas rurales—, demuestran que enfermedades
como el cáncer de colon casi no existen, a
diferencia de las áreas urbanas, económicamente
desarrolladas.
La correlación entre dietas y distintas enfermedades,
como lo sugieren estas informaciones, puede estar
relacionada con el consumo de vegetales ricos en fibras
en las zonas rurales y su reemplazo por alimentos
refinados industrializados en las áreas urbanas
donde estos males se presentan.
Las dietas ricas en fibra son típicamente de
menor contenido de grasa, proteína y material
digerible que las dietas ricas en alimentos animales.
Se ha acumulado evidencia de que los suplementos de
fibras o los alimentos ricos en fibra pueden funcionar
como agentes dietarios normales, al modular el proceso
digestivo y de absorción.
Como en el pasado, los habitantes de los países
subdesarrollados tienen más del 60% de su energía
a través de la ingesta de hidratos de carbono.
En las naciones industrializadas el porcentaje se
reduce al 20%.
Las fibras son consumidas en los países industrializados
a razón de 20 gr. diarios (Gran Bretaña)
y 15 gr. (EE.UU.) mientras en las zonas rurales subdesarrolladas
la ingestión de fibras se eleva a 40 gr/día.
En los países del Primer Mundo el peso de materia
fecal depuesta es de 80 a 130 gr./día. En los
países donde el estreñimiento es una
rareza esa magnitud asciende a valores entre 300 gr.
y 500 gr./día.
En los primeros países los alimentos tardan
tres días en pasar al tracto intestinal. En
los segundos (fundamentalmente en las zonas rurales)
apenas 35 horas. La causa principal por la cual las
fibras aumentan el peso de las haces es que se hidratan
formando una masa de mayor volumen que facilita su
evacuación. La degradación de las fibras
depende de la estructura de las mismas.
Además, las fibras tienen la propiedad de absorber
moléculas orgánicas como el colesterol
(presente únicamente en el reino animal), los
ácidos biliares y otros tóxicos.
Hace quince años, Burkitt (Investigador Honorario
del Saint Thomas Hospital de Londres) y Trowell demostraron
que la prevalencia de enfermedad cardiovascular y
Diabetes Mellitus en distintas regiones del mundo
era inversamente proporcional al aporte de fibra en
la dieta.
Dra. Ruth Groisman
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