¿Es
posible tener buenos deseos cuando pareciera que
afuera todo está mal? ¿En épocas
de crisis, aportan algo quienes desean el bien?
Veamos si resiste el análisis.Ya en otra
de estas “charlas metafísicas”
decíamos que la realidad es producto de la
imaginación colectiva, que los hechos que
vivimos son fruto de la manera como anteriormente
los pensamos. Y pareciera que en estos días
más que nunca estamos soportando el peso
de las realidades que fuimos construyendo con cada
actitud y cada pensamiento que forjamos. Cuando
de las miras desaparece el bien común para
dar lugar a los intereses personales, el resultado
es la desazón y el desencuentro.
Al margen de los intereses bursátiles-empresariales,
o las conveniencias políticas, las personas
de bien que intenten cambiar estas ideas de carencia,
de estancamiento, de desamparo; pueden utilizar
el poder de la palabra –o el pensamiento-
para el bien de todos. Una manera es el poder de
la oración, no importa la religión
que se practique. Otra es la intención dirigida
a que toda situación colectiva mejore, no
aportando nuevos pensamientos deprimentes, negativos
o pesimistas; que se unirían al estado actual
del pensamiento colectivo. Y una forma más
de cambiar los hechos mundiales en favor de las
personas, es aportando declaraciones (decretos)
personales en forma de verdaderas “órdenes
mentales”.
Por ejemplo, podríamos repetir:
Deseo
que mi mente se ilumine y me inspire para hacer
solamente el bien.
Y deseo que se iluminen los gobernantes del mundo,
para que todos vivamos en paz y abundancia.
Me concentro únicamente en mejorar y en aportar
lo mejor de mí para el bien común.
Apuesto a la superación de los problemas
y me comprometo en ofrecer las soluciones que estén
a mi alcance para que la vida de todos mejore.
No
es simple ni liviano el asumir el compromiso de
mejorar, ni siquiera es un simple enunciado, ya
que cada persona que lee y repite multiplica los
buenos deseos como si fueran ondas concéntricas,
expandiendo las buenas intenciones.
Ojalá que así sea.
Marta Susana
Fleischer