Querido
lector, lo invito a acercarse a cualquier plaza
o parque de su ciudad y a que se detenga unos minutos
observando árboles y plantas.
Seguro que al cabo de unos instantes el verde, la
fortaleza de hojas y flores, la energía que
emanan, lo absorberán y lo llevarán
a conectarse con algún estado más
elevado de su ser.
Incluso -se lo aseguro- le puede suceder lo mismo
si mientras va leyendo esta nota, se concentra en
algún parque, un paisaje, o un árbol
especial que conozca.
Cuando alcance ese momento, lo invito a que reflexione
conmigo sobre las características de esa
Naturaleza que nos subyuga.
Observe la abundancia de verdor y sienta que únicamente
necesita de un poco de agua para producir los mejores
frutos; esos que hacen que podamos alimentarnos
e incluso continuar el ciclo de vida.
Conéctese con la abundancia e intente comprender
su naturaleza: que todo está puesto en esta
vida para nuestro provecho, para que lo utilicemos
sabiamente y nos beneficiemos con ello.
El motivo de esta reflexión es que tratemos
de entender que la abundancia es inherente al ser
humano. Lo que verdaderamente nos corresponde es
la abundancia de cosas buenas. Es el resultado de
nuestras acciones y pensamientos lo que nos priva.
Las situaciones que vivimos son el producto de nuestras
propias creaciones mentales previas.
Reflexionemos juntos: si lo dicho es así,
estamos forjando nuestro futuro con cada una de
las elecciones que hacemos hoy.
Entonces, si padecemos alguna carencia, tendríamos
que realizar una creación mental que nos
lleve a solucionarla en el futuro cercano. Comencemos.
Imaginemos con lujo de detalles aquello que nos
falta, todo lo que nos gustaría concretar
para eliminar carencias.
Ahora comencemos a actuar con confianza. Repitámonos
seguido que muy pronto llegará a nosotros
todo lo que necesitamos.
La vida es un intrincado juego de causas y efectos
y nadie escapa de ello. Tendremos que revisar cada
una de nuestras actitudes: si dejamos de hacer planes
por miedo; si en lo profundo no nos consideramos
merecedores de algún bien... Los mandatos
de carencia que forjaron en nosotros nuestros padres,
el grado en que apreciamos nuestras propias capacidades...
Tomemos conciencia de que fuimos creados con un
cuerpo y una mente poderosos.
A lo largo de la vida nos topamos con incidentes
de distinto tipo, de los que ignoramos el origen.
De lo único que podemos estar seguros es
de la capacidad que tenemos hoy para “ponernos
las pilas” y salir adelante.
Con determinación y un poco de esfuerzo,
estamos capacitados para revertir cualquier situación
que nos disguste.
Es como si el Universo conspirara a nuestro favor:
cuando le enviamos las señales adecuadas
de que las experiencias vividas ya no nos satisfacen
y las queremos cambiar; comienzan a surgir coincidencias
y -como en un rompecabezas- cada pieza ocupa su
lugar.
No se trata de pedirle auxilio al cielo y sentarse
cruzado de brazos. Más bien el secreto consiste
en elaborar por escrito un plan de vida: ¿qué
deseo para mi a partir de ahora?. ¿Cómo
quiero estar en los próximos 3 meses?. ¿A
dónde pretendo llegar en 1 año?. Expresando
punto por punto todo lo que necesitamos, sentimos
como si desatáramos un nudo y un aire fresco
nos inundara.
A la mayoría nos falta todavía mucho
por acomodar en nuestras vidas, cambiemos. Dejemos
atrás lo que no nos sirve. No permanezcamos
solos. Juntémonos con conocidos, con los
seres queridos, con los que comparten a diario nuestra
vida, y elaboremos pequeños planes de cambio
en común.
Tenemos que aprender a confiar.
Forjemos hoy la realidad que deseamos.
Marta Susana Fleischer
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