Pero qué cosa
sabés que me di cuenta
que una vida no alcanza.
Fijate
y tomá nota,
cuántos amaneceres
desperdiciás durmiendo
y cuántos días de lluvia
los pasaste
sin mirar por la ventana.
Pensá las miles de veces
que floreció el campo
y no lo viste.
En los besos que no diste
y en las caricias que te deben.
En cuántas veces callaste
un te quiero
y en lo poco que reíste
a carcajadas.
En los caminos
que no recorriste
y en los abrazos
que nunca fueron.
Si lo pensaste bien
y tu balance da pérdidas
hermano
me darás la razón.
Cómo te arreglás
en la vida que te queda
para recuperar lo perdido
o, lo que es peor,
lo que todavía
ni te habías imaginado.
Querés un consejo
que, de paso,
a mi también me sirve?
Aprovechá cada minuto,
sacale el jugo,
sentite vivo
y quedate en paz.
Debe ser muy fulero
en los últimos momentos
cuando ya no haya tiempo
para tirar ni para nada,
que te arrebate el llanto
y enturbie la mirada
por lo que callaste
por lo que no hiciste
cuando la cuenta
en tu cronómetro
estaba en cero.
Marta Susana Fleischer
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