La virtud curativa de un inmenso número de plantas, muchas de ellas de consistencia herbácea, encarna ese don natural que desde los albores de la civilización se proyecta hasta nuestros días con ese halo mágico, aliviador de dolencias, que siempre permaneció ligado a la evolución humana.
Semejante tesoro natural que el ser humano fue acumulando de modo empírico desde datas inmemoriales, ha trascendido hasta la actualidad mediante la tradición y el valorable aporte científico de tantos hombres que se entregan a la encomiable pasión de hurgar en las entrañas de la gigantesca farmacia natural que nos brinda el Reino Vegetal.
La constante inquietud humana en aliviar las interferencias de la salud en forma de enfermedades, en sus orígenes estaba en manos de los “curanderos”, personajes de cultura muy esencial, frecuentemente analfabetos, que conciliaban lo mágico con el apoyo de las virtudes de ciertas plantas.
En América los antiguos chamanes acumularon un vastísimo caudal de conocimientos que fueron pasando de generación en generación, del cual casi nada existe en registros escritos. Más con el advenimiento de la cultura occidental, todo ese portento natural de conocimientos, desapareció conjuntamente con el antiguo chamán y lo poco que quedó fue cubierto por el polvo del olvido, por cierta indiferencia basada quizá en la ignorancia, hasta la actualidad que encara la tarea de redescubrir los secretos de las propiedades de ciertos vegetales.
Hasta hace un par de décadas parecía muy improbable que las formas de tratamientos curativos “anticuadas” o “pasadas de moda” practicadas por los “curanderos”, pudieran seguir sobreviviendo. Quedaban unos pocos herbolarios como sostén de las curas naturales, herederos de conocimientos ancestrales, aferrados al espíritu de sus antiguas tradiciones. Conocimientos que con seguridad son el resultado de prolongados períodos de observación y experimentación y comprobaciones prácticas que quizá llevaron siglos y siglos.
En la actualidad muchas de estas hierbas han sido estudiadas y sus virtudes confirmadas científicamente. Otras, paulatinamente, gracias al aporte de biólogos, botánicos, agrónomos y hombres de ciencia que contribuyen al re-descubrimiento de la gigantesca farmacia que el Creador puso a disposición de sus creaturas.
Ing. Fermín Antonio Vásquez y Vásquez
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