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Hoy en día, cuando pensamos en la seguridad de la casa, colocamos rejas y alarmas contra visitantes no esperados y centramos nuestra atención en este punto. Pero la casa segura implica tambien vivir en un espacio que garantize nuestra salud. En las últimas décadas hemos sacado provecho de los avances de la ciencia en materia de construcción, incorporando tecnologías y materiales alejados de lo natural que nos han brindado ventajas pero también, y ya se empieza a verificar, algunos inconvenientes.
La aparición de síntomas como dolores de cabeza, aletargamiento, hinchazón de los ojos, obstrucción nasal, ataques de tos, náuseas y una larga lista de dolencias está siendo frecuente en ocupantes de edificios nuevos o recién reciclados.
El fenómeno conocido como Síndrome del Edificio Enfermo se atribuye fundamentalmente a dos factores: el uso creciente de materiales sintéticos volátiles y la menor frecuencia de renovación del aire en aras de ahorro de energía. Esto implica una exposición a sustancias tóxicas, irritantes o radioactivas que inducen a infecciones, alergias, y hasta aumento de riesgo de ciertos tipos de cáncer.
Según estadísticas, el habitante urbano pasa entre el 80 y el 90% del día en ambientes cerrados, en general con mala calidad de aire interior, es decir, que puede estar contaminado en mayor o menor grado. Dado lo novedoso del tema, la ciencia no ha determinado aún la magnitud de los riesgos de estos venenos. Pero cada vez son más las personas que desarrollan alergias intensificadas, que se conocen como Enfermedad Ambiental, o Sensibilidad Química Múltiple. Y aunque para algunos profesionales de la salud se trata de problemas inexistentes o de orden psicológico, son muchos los casos en que ha mejorado la situación modificando el espacio en el que habitan.
El concepto de espacio saludable incluye tambien aspectos ergonómicos, como iluminación adecuada para cada actividad, control de los niveles de ruido, condiciones termohigrométricas, mobiliarios, colores. Todos elementos que pueden hacer que el lugar sea un paraiso o por el contrario, producir situaciones de disconfort que potencian el estrés.
Sin duda para construir la casa sana debemos comenzar por elegir un sitio adecuado y ubicar la casa en relación a las energías y los ritmos de la tierra, buscando buenas orientaciones y visuales, pero aun si vivimos en la ciudad, podemos introducir modificaciones que nos ayuden a mejorar la salud de nuestro hogar u oficina.
Viviana Curutchet
Arquitecta
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