El grupo de jóvenes que ilustra esta
columna no tiene sólo una indumentaria
particular que sorprende a los transeúntes
de Buenos Aires, tiene una ideología,
son miembros de una de las nuevas "tribus"
que rondan en nuestra sociedad. El día
de la foto se habían autoconvocado
en los portones del Jardín Botánico
y conversaron con "Convivir".
Responden a la corriente denominada "lolita"
que nada tiene que ver con la novela de
Nabokov, ni con el film de igual título
que dirigió Stanley Kubrick con James
Mason y Sue Lyon como protagonistas.
Ellos se definen como parte de una "subcultura
neo-romántica de origen japonés
cuya actitud, profundamente esteticista,
fusiona corrientes juveniles derivadas del
afterpunk y el glam con reminiscencias de
la aristocracia de siglos pasados, principalmente
las épocas del rococó y la
era victoriana", que se extiende por
el mundo merced a Internet, los foros, el
chat...
Tienen modales gentiles con aires de romanticismo,
asumen en su ropa un sentido artístico
que mezcla algo de lo gótico, con
los cuentos de hadas y lo fantástico
así como resumen diversas expresiones
japonesas.
Sostienen una actitud algo poética,
manifestando su yo (sus paisajes interiores)
ante un mundo exterior que suele mirarlos
a veces con burla y otras con empatía.
Conocerlos sirvió para pensar en
cuántas veces diversos grupos asumen
como ellos una indumentaria que implica
una toma de posición pero que en
la mayoría de los casos son superficiales.
Pensemos en ciertas clases sociales altas
que como aparecen en revistas tipo "Hola"
o "Caras" merecen interés
y cierta envidia siendo que es la gala de
la vanidad.
Del mismo modo, pero sin vanidad, grupos
políticos o sociales adoptan sus
posturas ataviados con íconos o emblemas
que los identifican en sus creencias. Y
nadie los critica.
Y se puede pensar en movimientos como los
hippies, los veteranos de guerras, los "rolingas",
los "alternativos", los "góticos",
los travestis, los barra-bravas, las murgas,
los mormones con sus trajes, los hare krishna
y tantos más.
Esto es la diversidad, la libertad de expresión,
la necesidad de ciertos sectores de la sociedad
para diferenciarse. Y es lo que se debe
respetar y mirar con sinceridad, quizás
con algo de ingenuidad y tolerancia.
En definitiva, de esto se trata el convivir,
una mansa actitud de aceptar a los demás
con respeto y generosidad del alma.
Hugo Kelway