Einstein instaló la idea científica de espacio o espacio-tiempo de cuatro dimensiones. La música no es la excepción. Al contrario, es uno de los lugares donde más se manifiesta esta cuarta dimensión a través de lo que llamamos hipersonido, que ha comenzado a detectarse en el instituto Balseiro de Bariloche (hay información en Internet). Es un sonido de una frecuencia muy alta que no se escucha con los oídos, sino con los centros de energía que son de naturaleza electromagnética. Precisamente, en investigaciones de otros laboratorios se ha comenzado a detectar componentes electromagnéticos en ondas acústicas. O sea que una parte del sonido entra por los oídos (componente acústico) y la otra por los centros de energía (componente electromagnético).
Esto es más manifiesto en las obras maestras clásicas. Por ejemplo lo clásico-romántico tiene que ver con el pecho donde está nuestro “Yo”.
Platón escribió sobre el dodecaedro como el cuerpo perfecto que gobierna el universo y ahora la Nasa (también está en Internet) da como hipótesis firme que el universo tiene forma de dodecaedro, que es finito y estaría curvado en un espacio de cuatro dimensiones. El dodecaedro proyectado a cuatro dimensiones genera el hiperdodecaedro, que es una estructura de cuatro dimensiones que al vibrar proyecta el sonido que oímos habitualmente.
Platón dijo que vemos la sombra de los verdaderos objetos y trasladando esta idea al sonido decimos que oímos el eco de los verdaderos sonidos. Esto también tiene que ver con la lectura geométrica de la música y la lectura musical de la plástica y la arquitectura y con el número de oro, presente también en la música. Hay una correspondencia en las proporciones perfectas de estas disciplinas y para los griegos música y arquitectura eran ramas de la disciplina que llamaban armonía. Iremos desarrollando estas ideas en próximas notas.
Ariel Bester
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