Con cierta seguridad podemos encontrar
en la vida cotidiana personas que las asusta algo,
por ejemplo las arañas, las cucarachas, la oscuridad,
ruidos nocturnos, etc. Mucho de nuestros temores contienen
un elemento de supervivencia, si no tuviéramos miedo,
probablemente no tomaríamos recaudos para protegernos,
cruzaríamos los semáforos en rojo con las consecuencias
imaginadas o sea que el miedo es una señal de alarma
que tiene un correlato psicológico, y nos permite
identificar los estímulos amenazadores, desconocidos
y estresantes. Es una emoción de las más primarias
que aparece entre los 5 y 6 meses de vida y también
es una de las emociones más primitivas porque tiene
que ver con la supervivencia del hombre, de la especie
humana, que nos permite detectar el peligro y activar
conductas destinadas a enfrentar, escapar o evitar
un estímulo amenazador.
Pero cuando el miedo obstaculiza el diario vivir, cuando la señal de alarma comienza a funcionar erróneamente, produciendo en el individuo reacciones de temor desproporcionadas frente a un estímulo, cuando el miedo es intenso, inesperado y acompañado de intentos desesperados por encontrar ayuda y protección, el miedo deja de ser una emoción que nos protege y se convierte en un problema, que denominamos ataque de pánico, fobia o trastorno de ansiedad. Para la persona que la padece constituye una experiencia única e indescriptible de sufrimiento.
El miedo puede desencadenarse ante estímulos reales por ejemplo una persona puede tener miedo a volar, pero cuando la persona se estremece con la sola idea de estar en un avión, hablamos de pensamientos (que están dentro de la imaginación del sujeto), que despiertan los mismos miedos irracionales, con la presencia de un conjunto de síntomas como: palpitaciones, sudoración, temblores, sensación de ahogo, opresión en el pecho, náuseas, mareos, miedo a perder el control, miedo a morir.
Experimentar 4 de cualquiera de estos síntomas suele indicar un estado de ataque de pánico.
Ante la presencia de estos síntomas, lo importante es consultar al médico y realizar un chequeo para descartar cualquier trastorno físico subyacente. Sin embargo muchas personas que sufren de pánico han consultado varias veces a su médico e incluso han acudido a la guardia de un hospital donde se les ha comunicado que no tienen ningún problema físico y que deben consultar a un psicólogo.
La terapia aplicada específicamente para estos trastornos enseña a la persona a superar el miedo, fobia, ataque de pánico o estado de ansiedad., adquiriendo mayor dominio sobre los aspectos internos de si mismo.
Este dominio se logra con técnicas específicas que le enseñan a la persona a controlar sus sensaciones físicas.
La Programación Neurolingüística, es una de las escuelas mas importantes, en EE.UU que ha obtenido los mayores éxitos en la resolución de este tipo de trastornos, enseñándole al paciente a manejar su “propia cabeza” y lograr un estado de relajación en los accesos de ansiedad.
Desarrollar la capacidad para relajarse físicamente, es un primer gran paso para superar la ansiedad, pánico o miedo.
Con la habilidad que la persona va desarrollando será capaz, después de trabajar con la situación de miedo irracional e ira construyendo los cimientos interiores de su seguridad, elevando de esta manera su autoestima tan socavada por la dificultad padecida. Aprende a controlar sus emociones, aumentando la seguridad en si misma, comienza a disfrutar mayores aspectos de si mismo.
Lic. Mónica Belhartz
Psicóloga
|