Aunque
usted no se ponga mortalmente enfermo, cada vez
que consume un alimento alergénico, un tipo
de anticuerpo flotante llamado IgA secretor, es
liberado dentro del tracto digestivo, aparentemente
mediante la vesícula. Desde ahí, pasa
a través de los conductos biliares hasta
el duodeno superior, donde recubre todas las partículas
de comida nocivas que entran al intestino delgado
por el estómago.
Cuando el anticuerpo IgA y el alimento alergénico
se combinan dentro de la cavidad intestinal, estimulan
la secreción de un grueso recubrimiento protector
mucoso procedente del forro mucoso.
La función de los anticuerpos secretores
IgA es protectora, al impedir que estos alimentos
alergénicos consumidos con demasiada frecuencia,
entren en contacto con este “forro”
del intestino delgado y, posiblemente, con las problemáticas
células cebadas intestinales. Pero aunque
el IgA secretor bloquea la liberación de
los mediadores químicos, también impide
que el alimento sea digerido.
Hasta aquí todo bien. No existe un daño
real aunque esos nutrientes no hayan llegado a nuestra
corriente sanguínea.
Sin embargo, si continuamos consumiendo esos alimentos
alergénicos, sobrecargamos el sistema inmune.
El centro del problema
Cuando el alimento alergénico se liga químicamente
con los anticuerpos de los mastocitos específicos
para él, se produce la repentina liberación
de mediadores químicos poderosos.
¿Qué ocurre? Una consecuencia dañina
es que estas prostaglandinas inflamatorias causan
que el estómago segregue menos ácido
clorhídrico. Así, las proteínas
no se digieren completamente y la comida que entra
en el sistema no está esterilizada.
Además la insuficiencia de ácido clorhídrico
provoca una reacción en cadena. Cuando la
comida del estómago pasa al intestino delgado,
es en un estado de “sub acidez”. Paradójicamente
esto ocasiona que el páncreas baje su producción
de bicarbonatos necesarios para alcalinizar la comida
para una completa digestión.
Así el intestino delgado permanece relativamente
hiperácido, e incapaz de completar la digestión
apropiada.
El efecto más nocivo a largo plazo, de liberar
estos mediadores químicos es que pueden debilitar
la impermeabilización de la membrana mucosa
que recubre la pared intestinal.
Y esta membrana es lo único que separa el
tracto intestinal de la corriente sanguínea.
En otras palabras, la liberación de mediadores
químicos compromete gravemente la barrera
que normalmente impide que la comida incompletamente
digerida pase a la corriente sanguínea.
Si tales partículas incompletamente digeridas
llegan a la corriente sanguínea, la respuesta
de esta última es limpiarlas del sistema.
Esta parece ser una forma de “marcar”
las macromoléculas indeseadas para que otros
elementos de la corriente sanguínea, el hígado
y el bazo, puedan identificarlas como invasores
potencialmente dañinos. Las células
sanguíneas blancas (cuya función es
combatir a estos invasores hostiles) pueden entonces
devorar y digerir estas macromoléculas “marcadas”
intracelularmente y quitarlas de la circulación.
Cuando grandes cantidades de macromoléculas
penetran en la circulación sanguínea,
su volumen abrasivo y su exceso, pueden rebasar
el mecanismo de limpieza. Resulta imposible purgarlas
fuera del sistema. Viajando por todo el cuerpo,
estos complejos inmunes circulantes (CICs), penetran
eventualmente en las paredes de los capilares y
se depositan en el tejido. Todos los tejidos corporales
son susceptibles de ser atacados. Donde quiera que
se depositen los CICs. Causan inflamación
e interfieren con el funcionamiento óptimo.
Lo hacen atrayendo una sustancia proteínica
inmune llamada complemento, que provoca la liberación
de mediadores químicos y radicales libres
altamente destructivos para el tejido, lo que desemboca
en irritación e inflamación, agregación
de plaquetas, dolor, hinchazón, daño
y destrucción de células. Así,
una dieta habitualmente pobre, puede conducir a
desórdenes aparentemente inconexos, tales
como artritis, hiperactividad, insomnio, hipoglucemia,
migraña, problemas de vesícula y otros
muchos.
Dr.
Domingo Pérez León
www.institutobiologico.com